Cabezas Chavín

Fueron varias decenas de centinelas las que dieron protección y resguardo al sacro templo de Chavín de Huántar. En cada centinela convergen los espíritus del jaguar y la serpiente junto a las almas de los principales chamanes y sacerdotes, unificándose con el único objetivo de expulsar cualquier intromisión al templo. Estos espíritus se materializaron en formas petrificadas de cabezas antropomorfas empotradas en las murallas del templo alrededor de su perímetro, causando terror a los intrusos. La custodia se ha dado por siglos. Hoy, un sólo centinela ha resistido el embate del tiempo.

Lanzon Chavín

La divinidad central del Templo de Chavín de Huántar ha quedado representada con la inquietante escultura de granito a la que, debido a su forma de proyectil, se le ha dado el nombre de Lanzón Chavín. Su aspecto sobrenatural con rasgos sobrehumanos mezclados con los de animales totémicos como felinos y serpientes, le brindaba una apariencia aterradora. Una gran parte de su culto giraba alrededor de hierbas y plantas alucinógenas – como el cactus San Pedro- con las cuales únicamente los chamanes y sacerdotes tenían el poder de acceder tanto a la comunicación con la deidad, como a las dimensiones sobrenaturales propias del más allá.

Estela Chavín

Una de las versiones más remotas de la imagen del dios Viracocha (o dios de los báculos), fue grabada sobre uno de los monolitos más destacados de la cultura Chavín. Se presenta como un híbrido entre ser humano y felino, exponiendo, además, rasgos de aves de rapiña y serpientes que se entrelazan a lo largo de su imponente tocado, dramatizando aún más el aspecto terrorífico de uno de los dioses más enigmáticos del antiguo Perú.

Huaco ceremonial Chavín

El contacto con seres sobrenaturales en el mundo Chavín era potestad de sus sacerdotes cuando éstos lograban el acceso a otras realidades. Para ello, hacían uso de diversos artilugios e instrumentos, siendo uno de éstos el huaco ceremonial. Concebido como un objeto cultual, expone -esculpido sobre su superficie- un discurso iconográfico que evoca la síntesis de las terroríficas deidades de apariencia zoomorfa de dicha cultura. Representadas sobre la monocromía dada por el negro envolvente del ceramio, se resalta no solo la turbadora estética del mismo, sino también su inherente y potente carga simbólica.