Supay

Es uno de los máximos símbolos de la danza “La Diablada Puneña”, expresión cultural que exhibe elementos de religiosidad autóctona y cristiana, y cuyos orígenes tienen sus raíces en el altiplano andino. Representa a deidades malignas y gentiles que habitaban el Manqapacha, o mundo del subsuelo, que en tiempos prehispánicos no eran objeto de odio sino de respeto. Su aspecto fastuoso y temible se lo debe a sus grandes ojos saltones, orejas en forma de sapo, sobresalientes colmillos, grandes cuernos y a su tocado lleno de reptiles.

Tríada de Cuchillos Chimú

Un paradigma de la riqueza metalúrgica del antiguo Perú es, sin duda, el cuchillo ceremonial conocido como Tumi. El carácter sacro del cuchillo se pone de manifiesto con la representación del rostro de la antiquísima divinidad Naylamp en el extremo superior del artefacto. No en vano fue usado no sólo como instrumento ritual, sino también quirúrgico para llevar a cabo exitosas trepanaciones craneanas.

Cabezas Chavín

Fueron varias decenas de centinelas las que dieron protección y resguardo al sacro templo de Chavín de Huántar. En cada centinela convergen los espíritus del jaguar y la serpiente junto a las almas de los principales chamanes y sacerdotes, unificándose con el único objetivo de expulsar cualquier intromisión al templo. Estos espíritus se materializaron en formas petrificadas de cabezas antropomorfas empotradas en las murallas del templo alrededor de su perímetro, causando terror a los intrusos. La custodia se ha dado por siglos. Hoy, un sólo centinela ha resistido el embate del tiempo.

Ayahuasca Trip

La realidad artificial -aquella ilusión codificada a la que nos condenan nuestros sentidos- se vio interrumpida por la acción liberadora de la DMT. Tras liberarse del cuerpo físico y durante breves minutos, la conciencia expandida cruza las fronteras de la comprensión al experimentar la vorágine sensorial, fractal y recursiva de la hiperrealidad, donde el espacio se torna multidimensional y el tiempo polidireccional. Nuestra naturaleza genética y evolutiva, nuestra conexión / unidad con el micro y macrocosmos y nuestra inevitable trascendencia como eternos seres espirituales parecía revelarse a plenitud por bondad de la planta. La paz alcanzada fue indescriptible.

Aia Paec

Usualmente representada con rostro feroz, ojos saltones, mirada penetrante, nariz ancha y prominente boca con grandes colmillos, Aia Paec era el dios castigador más temido y adorado por los pobladores Moche. Era el dios de la montaña, proveedor de la lluvia y de las aguas de los ríos, conocido también como el “decapitador”, debido a representaciones en que se le ve sosteniendo en una mano una cabeza degollada y en la otra un cuchillo ceremonial. Muchos sacrificios humanos se realizaron en su honor, no solo con fines de ofrenda para pedirle por la fertilidad de la tierra, sino también con el propósito de mitigar su furia.

Lanzon Chavín

La divinidad central del Templo de Chavín de Huántar ha quedado representada con la inquietante escultura de granito a la que, debido a su forma de proyectil, se le ha dado el nombre de Lanzón Chavín. Su aspecto sobrenatural con rasgos sobrehumanos mezclados con los de animales totémicos como felinos y serpientes, le brindaba una apariencia aterradora. Una gran parte de su culto giraba alrededor de hierbas y plantas alucinógenas – como el cactus San Pedro- con las cuales únicamente los chamanes y sacerdotes tenían el poder de acceder tanto a la comunicación con la deidad, como a las dimensiones sobrenaturales propias del más allá.